
Era su cumpleaños, me dijo que no quería pasarla con nadie, sólo conmigo, y que la llevara a pasear esa noche. Bueno, nos fuimos a tomar algo a un lugar y a ver unos videos. Salimos de ahí y me ofrecí a llevarla a su casa, como caballero que soy. Enfilamos para su barrio cuando nos cruzamos con mi amigo Felipe. Iba acompañado por su hermana y una búlgara, alumna de él en la clase de teatro. Felipe era un hombre de la noche, producto de su trabajo de profesor de teatro, pero yo la estaba acompañando a la nena y me iba para casa. Me dice: vamos a tomar algo? La verdad, la vi a la búlgara tan interesada y borracha que no pude decir que no. La nena se quedó a desgano. Fuimos a un boliche de esos que no cerraban (una especie en extinción) y charlamos animadamente. Yo quedé al lado de la búlgara y la nena enfrente.
Tal vez producto del alcohol o vaya a saber qué carajo estuve ocurrente y vivaz esa noche (no me pasaba muy seguido) y la búlgara se ponía cada vez más confianzuda, se cagaba de risa, me tocaba, me abrazaba, de última ya medio me hablaba cerca del oído. Yo me hacía el boludo porque le había prometido a la nena que la llevaba a la casa, además la noche era para ella, que a esa altura ya estaba con cara de culo.
En el medio de ese candombe, mi amigo me hizo señas y fue para el baño. Lo seguí. Y me dijo:
-qué pasa con la nena?
-nada, es una amiga.
-está rebuena, me dará bola?
-te firmo que no, anda en otra, pero si querés hacerle un tiro por mí está todo bien
-no, no ando para problemas con pendejas... boludo, llevate a la búlgara. Está para cualquier cosa, yo no puedo porque estoy con mi hermana y le va a contar a mi novia.
-de dónde carajo la sacaste?
-vino por unos meses a laburar acá, y como le gusta el teatro se prendió en las clases; en tres meses se garchó a medio taller; boludo, metele, mirá que agarra viaje.
Está demás decir que a mí me salía humo de las orejas mientras maquinaba qué carajo hacer. A esa altura ya estaba decidido a avanzar. Cuando la nena se levantó para ir al baño, crucé mi brazo por el respaldo de la silla de la búlgara y le toqué levemente arriba de la cintura. Ella cruzó su brazo por debajo de sus enormes tetas y su más que generoso escote y me agarró la mano, disimuladamente, porque estaba la hermana de Felipe, que tamopco era boluda. Ya estaba. Era sólo cuestión de meter a la nena en un taxi e irme a la casa de la búlgara. Ya Felipe me había adelantado que vivía sola y que sin drama me llevaba a la casa. Nada de telo ni boludeces por el estilo. Yo estaba descontrolado. A la búlgara la veía cada minuto más buena. Además de las generosas tetas, estaba con minifalda, medias negras; tenía unas gambas que Steffi Graf era un poroto. Igual, en esa época Steffi saltaba de un huevo al otro de papá Graf. Bue, la cuestión que salimos, nos paramos en la esquina a despedirnos, yo al lado de la búlgara, ya marcando la distancia con la nena, como diciéndole: queridita, te quiero mucho, pero vivís cerca y en taxi estás en 5 minutos. Error pensar y no decir. Llegó el momento fatídico: mi amigo Felipe que dice: bueno, nosotros (por él y la hermana) nos vamos para aquel lado, y antes de que yo diga agua va, la nena da dos pasos, me agarra del brazo y me dice: nosotros vamos para Palermo. La búlgara, sin entender demasiado por el pedo que tenía, paró un taxi, se subió y se fue a la mierda. Mi amigo me quería matar a trompadas. No era para menos: la búlgara se tomaba el avión al día siguiente para Bulgaria y nunca más volver. No había segunda oportunidad, la nena histérica me mandó abajo del camión. Esa noche no pude ni hablar, la dejé en la casa y me fui. Cuando se lo reproché puso cara de no entender, y me dijo: vos estabas conmigo. Desde hace años me persigue ese dilema: me comporté como un buen amigo o como un pelotudo? Por supuesto, ya lo tengo resuelto, y se imaginarán la respuesta. Pero dejo que los visitantes del blog hagan su aporte.
En la foto, tres búlgaras: las hermanas Katerina, Manuela y Magdalena Maleeva, todas tenistas. Mi búlgara estaba mejor que las tres juntas.