lunes, 29 de diciembre de 2008

Esperanza


El otro día, practicando una gran costumbre argentina, cual es la de leer el diario de ojito, vi un título en el Diario Popular: "Maru nos deja un mensaje de esperanza". Al lado una foto grande de Maru Botana con cara de "la vida me cagó a palos pero le voy a dar pelea". No tengo nada contra Maru, todo lo contrario, me cae bien y me da mucha pena que alguien que tiene guita quiera tener muchos hijos y además darle bola. Pero como no la conozco no voy a decir más que esto, no quiero juzgarla. Pero a ese diarucho, esa mierda en colores, sí. Para qué gastar dos segundos en hablar del gran sorete que es Raúl Kraiselburd. Vamos a la cuestión periodística, si se le puede llamar de esa forma. Todos publicamos mierda, ya lo sabemos, y los periodistas no hacen (mos) más que reproducir lo que el dueño del medio quiere decir. Pero a veces se exagera en esta cuestión. Salvo que haya habido algún negocio, seguro nadie le puso una pistola en la cabeza al periodista para que publique ese "mensaje" de Maru Botana. No se les ocurre nada más "esperanzador". Sin ir más lejos, a mí me da más esperanza Marta, que vive en Fuerte Apache. Marta tiene varios hijos, dos de ellos en cana y otra de novia con un narco, y encima adicta. La hija, para drogarse tranquila (para lo cual, por suerte, no tiene que pagar), le dejó también sus hijos a Marta. Y ella los cría, les da de comer, los lleva a la escuela y todavía sueña con que ellos no sigan el camino de la madre, o de los tíos. Y los pibes van a la escuela, y hacen lo que pueden, y son buenos, malos, según el día. Entonces digo: tan transgresor, periodísticamente hablando, es hablar de Marta? Por qué no nos dejamos de joder un poco con los mensajes de los famosos y vamos a los mensajes de la gente común, que lamentablemente no tienen nada que envidiarle a la tragedia de Maru Botana. No la tienen que ver por televisión ni leerla en ese pasquín inmundo que es Diario Popular. Es cierto que falta mucho para que los periodistas publiquen(mos) lo que quieren (o queremos), pero también es verdad que si nos damos algún pasito a favor de la transgresión esto va a seguir así, siendo una mugre y perdiendo credibilidad. Y si no vayamos todos al Maipo, que perderemos credibilidad pero nos van a pegar una buena tirada de goma, qué joder. Feliz año para todos.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Amores no correspondidos

El otro día me encontré con mi amigo el Tano. Hacía mucho que no lo veía. El Tano no es de mis amigos de la infancia, lo conocí ya en mi juventud, hijo de periodistas y muy talentoso. Sabía que el padre del Tano había fallecido y, colgado como soy, no lo llamé para saludarlo. Hace algunas semanas lo encontré por la calle, bastante distraído.
-Tanito, qué hacés?
-Peralta, tanto tiempo!! Cómo te borraste, eh!!!
-Sí, Tano, soy un desastre, perdoname hermano...
-No pasa nada...
-Tu vieja, Tano?
-Y... ahí anda, reponiéndose, pobre. Pero yo creo que estoy peor.
-Vas a extrañarlo, esto no es como una mascota, un laburo, una noviecita; es tu viejo, y no te vas acostumbrar nunca a que no esté.
-Sí, seguro; pero lo que a mí me mató fue lo que lo vi sufrir antes de morir.
-Pobre, che, él no se merecía morir así...
-Pero no fue por la enfermedad, sabés? No, mi viejo, ya grande a punto de morir, sufríó de amor, Peralta, y eso no me lo voy a poder olvidar en la puta vida.
-...
-Vamos a tomar un café y te cuento?

* * *

-Resulta que un día llego al hospital, y lo encuentro a mi viejo solo, llorando. Papá, qué pasa?, le dije. Hijo, creo que sos la única persona que en este momento podrá entenderme. Si me prometés que lo que te cuente no va a cambiar tu opinión de mí... quiero que sepas que siempre intenté ser el mejor padre, seguramente no lo logré... Viejo, dale, no te pongas así, para mí sos el mejor padre del mundo, y nada de lo que digas va a cambiar eso, le dije. Y entonces me contó:
"Hace muchos años, vos todavía eras chico, casi adolescente, yo trabajaba en el banco, te acordás? Por mi laburo estaba constantemente en contacto con gente de otras sucursales, hablando por teléfono, nos tratábamos como amigos y no nos conocíamos. Un día, una compañera de otra sucursal con quien yo me pasaba horas hablando, me dijo de conocernos. Yo medio que dudé, pero finalmente me decidí a conocerla. Nos citamos en un bar, y para reconocernos yo fui con una corbata bordó y ella con el libro El principito sobre la mesa. Bueno, nos conocimos, charlamos un montón, y finalmente quedamos en volver a vernos. Fue un encuentro agradable, nada más. Pero volvimos a vernos, una y otra vez, y cada vez la pasábamos mejor charlando. Hasta que a ella la trasladaron a mi sucursal, y el contacto diario y la buena onda hicieron todo lo demás. Sin quererlo estaba enamorado hasta el caracú. Lo que antes no me atraía en ella, sus ojos grandes, su pelo renegrido, sus pestañas grandes como si fueran postizas, todo eso me la transformaba en la mujer más linda del mundo, creeme. Hasta cuando comía y hablaba con la boca llena y me escupía migas era hermosa.O cuando lloraba porque las injusticias de la vida se ensañan siempre con los más débiles. O cuando caminaba a servirse un café y de reojo me miraba y sonreía. Nunca vi a nadie sonreír así, con toda la cara, con esos dientes perfectos. A veces, simulando trabajar, hablábamos por teléfono, a pocos escritorios de distancia, varios minutos hablando. Mi día tenía dos momentos de felicidad: cuando ella llegaba y me decía hola!! y cuando a veces la llevaba a la casa de su madre, a la salida del trabajo. Vivía en una casa cuya puerta de entrada era de madera con vidrio repartido. La carita de ella quedaba justo entre dos vidrios, entonces se agachaba para poder verme y saludarme con la mano, a la vez que sonreía. De todas las mujeres que llevé a la casa, hijo, te juro, nadie se despedía como ella. Me había copado la vida. El matrimonio con tu madre empezó a estar cuestionado, pero ésa es otra historia, ya ves cómo terminó todo. El asunto es que no pude contener lo que sentía y, a sabiendas de que corría muchos riesgos, le dije lo que me pasaba..." -Viejo, estás bien? "Sí, ya se me va a pasar, es que me acuerdo de ese momento como si fuera hoy, sabés, y no puedo dejar de emocionarme... Cuando le tomé la mano... cuando estuve a punto de robarle un beso... fue lo más cerca que estuve de conseguir su amor. Pero ella no podía corresponderme, sentía algo lindo por mí, pero también era casada... disculpame, hijo..." Está bien, papá, desahogate tranquilo, nadie va a saber esto que me estás contando. "Después de mucho sufrir, y a pesar de que había descuidado tanto el trabajo, me ascendieron y me trasladaron. Antes de irme, en la despedida que me hicieron, me hice un huequito para entregarle una carta de amor, necesitaba hacerlo, necesitaba decirle lo bien que me había hecho conocerla. Ella, como todo gesto, me regaló una foto que nos habíamos sacado juntos. Para no llorar delante de ella apenas la abracé y me fui. La vi pocas veces más, y hasta creí olvidarla. Ni siquiera sé qué fue de ella. Y hoy, en esta cama, me acabo de dar cuenta que además de a tu madre y vos, que me amaron y me cuidaron, a la única persona que quisiera ver es a ella. Por eso lloro, porque no está, porque no sé qué se hizo, y hasta tengo la esperanza de que haya otra vida en donde pueda conocerla y podamos amarnos. Y sabés por qué te cuento esto, pichón? Porque la vida nos tiene reservadas siempre sorpresas, y hoy yo aprendí eso: que los amores, aunque no sean correspondidos, siguen siendo amores, y son tan fuertes como los otros. Me di cuenta de que después de tantos años no pude olvidarla, y todavía tengo en mi nariz el perfume de su pelo, y hasta siento en mis manos sua manos tibias y nerviosas..." Papá, qué puedo hacer? Querés que la busque y la traiga? Cómo se llama? "No, corazón, no; solamente quería que sepas eso, que el amor es amor siempre, ella para mí es ese amor no correspondido, de qué serviría verla ahora? Una vez que pase lo que tenga que pasar, y sabés a qué me refiero, buscala. En mi mesa de luz, mezclada entre un montón de cartas, vas a encontrar la foto y el nombre de ella, Dolores. Simplemente contale esto. No sé qué vida habrá hecho, y hasta tal vez le sirva saber que yo la amé todos estos años y que antes de irme de este mundo pensé en ella".
-...
-Estás bien, Tano, querés otro café?
-No, Peralta, disculpá que me desahogue con vos, sos la única persona a la que le conté la historia, por favor que no se te escape.
-Tranquilo, Tano, por la memoria de tu viejo que esto muere conmigo. Pero la encontraste?
-Todavía no... no sé, tengo miedo de que le haya pasado algo, que se haya muerto, que esté en un psiquiátrico... siento como que si eso pasa mi viejo se llevará una desilusión muy grande... y en realidad él no está, no se va a enterar, pero yo lo siento así...

Prometiéndole una vez más a mi amigo el Tano (que no se llama Tano, ni es Tano, ni el viejo laburó en un banco ni fue periodista) que no iba a contar nada, nos despedimos con un abrazo. Antes de decidirme a contar esta historia lo volví a consultar, le conté cómo era y él accedió. Por eso lo cuento acá, algo casi público, para que los pocos boludos que leen este blog y el pelotudo que lo hace no tengamos miedo de amar, nunca, porque es lo único de valor que nos llevamos al morir.

PD: inspirado en esta historia, Freddy Mercury nos dejó esta canción

miércoles, 26 de noviembre de 2008

La llave


Hay una película de Tinto Brass que se llama así. Trabaja Stefanía Sandrelli, que está para partirla en 25 pedazos y pedirle el vuelto. Pero resulta que la otra noche me enteré que hay otra película La llave, creo que de fines de los 50 o principios de los 60, cuyos protagonistas son Sofía Loren (muy joven y hermosa) y William Holden (ya grandecito pero buen mozo). La historia transcurre en la Europa de comienzos de la Segunda Guerra. Holden es capitán de remolcadores y llega al lugar, donde se encuentra con un viejo conocido, que hace el mismo trabajo y vive con la Loren en un departamento. Antes de irse a una misión difícil le da una llave del depto a Holden y le dice que si a él le pasa algo, por favor se quede con el departamento y cuide a su mujer, la bella Sofía. Lo extraño del caso es que esta historia se había repetido otras veces con el departamento y con la Loren, es decir, el capitán de un barco se va, ella presiente que él morirá, lo acompaña al puerto, el tipo no vuelve y otro –elegido previamente por el futuro occiso– toma su lugar. Ella, la dueña de la mala suerte, parece resignada a cumplir ese papel. Holden es el cuarto capitán en encontrarse en esa situación. Lo que no contaba Sofía es que Holden se enamoró de ella (quién no) y se resiste a morir. Va a una misión difícil, ella presiente que él va a morir, él que le da la llave a su "sucesor", y todo así. Pero él va a la mision arriesgada, hace un rescate peligrosísimo pero se salva. Cuando vuelve al departamento la encuentra a ella con el tipo al que Holden le había dado la llave. No había pasado nada todavía, hasta ese momento la misión del "sucesor" era darle la mala noticia a la múltiple viuda. Pero cuando Holden llega, exhausto, luego de haber esquivado la muerte, ella no puede soportarlo y lo echa. Esta historia –que así mal contada espero que entiendan, y si no miren la película– me hizo pensar en los amores que elegimos en nuestra vida. Y se me dio por pensar que las personas cambian, pero el amor es más o menos el mismo, siempre. Y que estamos destinados a repetir esa historia una y otra vez, aunque creamos que vamos cambiando. Cosa rara, no?

lunes, 24 de noviembre de 2008

Turca


Ésta es una historia para hombres, pero las mujeres, si quieren, pueden seguir leyendo. Es una parte de la vida de María, la dueña de la mejor paja turca que he conocido. Paso a explicar la técnica, por si alguna quiere hacerle pasar un buen rato al marido, novio o amante. María no se tiraba arriba del tipo, ni le franeleaba las tetas, ni se las agarraba con las dos manos, por los costados. No, nada de eso. Ella se arrodillaba al borde de la cama, hacía el trabajo manual u oral de rigor (en caso de ser necesario, claro) y luego rodeaba el miembro con esas dos bellezas que Dios le había dado y procedía al movimiento. Lo bueno de María, para mí en ese momento algo novedoso, es que no usaba las dos manos para hacer el movimiento con sus pechos, sino que abrazaba las gomas y dentro de ellas al amigo feliz. Bueno, no cueto más porque no quiero que me prohíba el Comfer y porque no quiero ser tan guarango. Pero les puedo asegurar que era algo increíble, y manejaba el ritmo que uno le pidiera. Una maravilla. Pero lo que quiero contar de María no es su paja turca sino otra cosa. Por lo poco o mucho que pude conocer sobre el tema, he llegado a la conclusión de que esas prostitutas, las de antes (no sé ahora), se volcaban a ese laburo por una razón muy fuerte. Algo en la vida las había marcado. Claro que en la superficie está el tema de la guita y mantener a los hijos o a un cafiolo, pero en el fondo hay una historia de amor inconclusa, un abandono, un fracaso, una muerte... Una vez, en esos encuentros en los que yo no pagaba y con María queríamos arreglarnos la vida mutuamente, me lo contó:
–Y vos, por qué no te buscás una novia y te dejás de joder con las putas?
–Qué sé yo, María, todavía ninguna me movió el piso.
–Boludo, enamorate, haceme caso. Sufrís un poco pero la pasás bien.
–Y vos me lo decís, que puteás a todos los tipos con los que te encamás, porque te dan asco?
–Pero éste es un laburo, pibe, y cada tanto encuentro algún gil como vos y la paso bien.
–Sí, pero vos todavía sos joven, te podés enamorar.
–Lo mío ya fue, ahora tengo que criar a mis hijos y cuidar que no les falte nada.
–Pero por qué te das por vencida? No te podés volver a enamorar?
–Cuando uno mata lo que ama, no puede volver a amar, sabés? Y yo a mi amor lo maté.
–Cómo que lo mataste?
–Sí, al padre de mis hijos, lo maté.
–...
(María se tapó con la sábana hasta el cuello, prendió un cigarrillo, me miró con los ojos llorosos y siguió.)
–Fue un accidente. Él era policía y siempre me decía que no joda con las armas, que las armas las carga el diablo y todas esas boludeces que siempre se dicen. Una noche, con los chicos ya dormidos, nos tomamos unos vinos, nos echamos un polvo y nos pusimos a joder. Nos llevábamos bien, nos queriamos mucho. Y él me consentía todo, me llevaba unos años y era como su malcriada, su nena. Toda su firmeza de milico la dejaba cuando entraba a casa. Era un buen padre y un buen marido. Joda va, joda viene, yo pelotuda siempre jodía con lo mismo, la pistola. Entonces me dijo: María, con las armas no se jode, vos ni siquiera sabes cómo se maneja, así que te voy a enseñar para que tengas cuidado y no hagas boludeces. Asi se perdió 10 o 15 minutos explicándome cómo funciona un arma, cómo desarmarla y descargarla. En el teje y maneje, después de manipularla tanto, no sé qué pasó. Pero yo pensé que la pistola estaba descargada y no era así. Cuando la agarré para desarmarla y hacer lo que él me dijo, se me disparó. El tiro le dio en el medio del pecho, no se pudo hacer nada, murió casi enseguida.
María pegó otra pitada, apagó el cigarrillo y me dijo: "bueno, vamos". Nos vestimos sin decir una palabra, en la puerta del telo nos besamos y quedamos en vernos. Cuando volví por el peringundín ya no estaba. Nunca más la volví a ver.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Mordí el anzuelo una vez más

Ando medio vago, así que dedicado al que quiera apropiárselo le dejo este tema. Es sólo rocanrol.

martes, 11 de noviembre de 2008

El tío Germán

Ya les hablé una vez de mi amigo Pucheta. Hoy voy a contar una historia que tiene como protagonistas a él y a su tío. Resulta que el tío de Pucheta, pongámosle que se llamaba Germán, era un buen tipo. En el barrio lo veíamos pasar, siempre serio, a la misma hora, volviendo de la fábrica donde trabajaba. Nunca lo vimos con una mina. Hasta que me fui del barrio Germán seguía igual, siempre laburando, volviendo a casa temprano, tomaba unos mates, se bañaba, se perfumaba y se iba. Cualquiera pensaría que un tipo soltero saldría con minas. Pero no. Germán se iba al bar, se tomaba unos vinos y jugaba al truco con otros parroquianos. Se ponía en pedo, cómo no, pero no era todos los días. Más bien los fines de semana. Como buen laburante, de lunes a viernes apenas se tomaba unos vinos y de vuelta a casa a preparar la comida, para morfar temprano, mirar algo de televisión y a dormir. A las 4 y media de la mañana había que levantarse de nuevo, y así. Germán era un tipo solitario, sí, pero más bien reservado. En mi barrio, ya sabemos, la gente no era de andar haciendo alarde ni espamento con nada, y Germán era así. Todos pensamos que si se comía alguna minita nunca nos íbamos a enterar, así de reservado era.

Muchos años después, hablando con Pucheta, lo encontré amargado.

–Que pasa Puche?

–Mi tío Germán se está muriendo, che, estoy para la mierda.

–Eh, tan mal está?

–Bueno, en realidad no se está muriendo, pero para mí es como si lo estuviera, entendés? Me tiene que explicar algunas cosas.

–Pero tantos años, Puche, justo ahora te acordás que tenés cosas que preguntarle?

–Y bueno, loco, cuando uno es joven piensa que va a vivir siempre, y pensás que tu familia nunca se va a morir. Y mi tío ahora ya no habla, además está sordo, nos comunicamos, pero ya no da para que yo le pregunte lo que quiero.

–Pero qué es tan importante que te quedó atragantado?

–Mirá, hay muchas cosas que vos no conocés de mi tío Germán. Te tengo que contar la historia para que entiendas. A los 25 años se enamoró perdidamente de una mina, una morocha que venía a casa que estaba para partirla, pero resulta que la morocha se enamoró de mi otro tío, que encima le cagó la vida. Nunca la trató como mi tío Germán la hubiera tratado, como una reina. Desde ahí nunca más se pudo enamorar, entendés? Hasta los muebles había comprado pensando que ella algún día le daría bola. Pero ella, lastimada como estaba, no soportaría salir además con el hermano del tipo que la cagó. Asi que mi tío Germán ahí anduvo, boyando, enamorándose de mujeres casadas y escapando por los techos o encerrándose en el baño. Nunca una novia, un filito, todo clandestino. Yo estas cosas me las fui enterando después. El jamás contaría una cosa así. Pero, claro, cuando el material escaseaba no le quedaba otra que recurrir al kilombo. El siempre laburó, guita no le faltaba, así que cada tanto se iba a un puterío de Avellaneda.

–Y vos cómo sabés eso? Y qué carajo tiene que ver con lo que le querés preguntar?

–Pará boludo, ya te cuento. Una vez, cuando yo era adolescente y con tal de ponerla era capaz de cogerme un hormiguero, mi tío me invitó a pasear. "Cambiate que te voy a llevar a un lado", me dijo. No me extrañó porque él me llevaba a la casa de sus amigos a comer asados, le encantaba presentarme como su sobrino. Pensé que íbamos a un paseo de esos. Pero no, sobre la avenida Mitre nos bajamos, caminamos un par de cuadras y me hizo entrar en un bar. El se pidió una cerveza y yo una Coca. Había poca gente, te diría que nadie. El mozo no era mozo, era un muñeco que estaba atrás de la barra con cara de pocos amigos que para que nos traiga la cerveza y la coca poco más tenemos que llenar un formulario. De pronto del fondo del salón sale un tipo, paga y se va. Al rato otro. Cinco minutos después pintaron dos minas, bah, dos minas, no quiero ser peyorativo pero te digo que no calentaban ni a un preso. Se sentaron por el fondo del salón, prendieron un pucho y ahí se quedaron. Mi tío estaba de espaldas, pero a él no le hacía falta mirar, seguramente sabía bien lo que pasaba. Y me miraba raro, y se reía, como queriendo decir algo. Pero no me lo dijo. Pagó y nos fuimos. Con los años fui atando cabos y me di cuenta que mi tío me había llevado a un kilombo a debutar, te das cuenta?

–Sí, bueno Puche, todos pasamos más o menos por lo mismo. No te vas a espantar por eso, no?

–No, claro, pero por qué no me dijo nada? Por qué no me hizo pasar con alguno de esos vejestorios? Yo con las ganas que tenía me cogía al cantinero con cara de malo, no me importaba. Pero él no me habilitó. Y yo tardé un año más en debutar, hasta que me animé a meterme en la villa, entendés? Un año perdí... Y lo que me joroba la existencia es que nunca me voy a enterar si mi tío no me dijo nada por vergüenza, porque pensó que yo era muy chico y porque pensó que para un pibe lo mejor no es debutar con una puta. Siempre pienso en eso, sabés?

–Pueden haber sido mil cosas, che. Pero vos qué pensás? Qué creés que pasó?

–Como vos decís, por la cabeza le pudo haber pasado un avión y yo no me enteré. Lo que a mí me gusta pensar que pasó es que él se arrepintió. Que no quiso ser él quien me llevara a debutar con una prostituta. Porque él creia profundamente en el amor, a tal punto que se va a morir sin poder decirle al amor de su vida que siempre la amó y que nunca dejó de amarla. Y entonces prefirió que yo buscara mi camino y que en lo posible debutara con alguna minita del barrio. Pero vos sabés, eso no es para tipos como nosotros. Tuve que morir en la villa porque no la ponía ni en el burlete de la heladera, loco. Pero en todo caso no fue por culpa de mi tío Germán, a su manera él hizo lo que pudo. A mí me gusta pensar eso, no sé, porque debuté con una puta, sí, pero gracias a él también sé que el amor de tu vida existe, y que puede durar o no para toda la vida, pero ahí está, a la vuelta de cualquier esquina. Y lo que me jode es no poder preguntarle si esto que me enseñó mi tío Germán le salió de casualidad o lo pensó así. Vos qué pensás?

–Que no importa, Pucheta, qué carajo importa.

martes, 4 de noviembre de 2008

Perdido por ellas


































En una época, como cualquier marido que se precie de tal, pasaba muchas horas frente al televisor mirando estupideces: películas y documentales eran mis favoritos. Hasta que conocí el fútbol y los canales porno y me vi obligado a duplicar las horas frente al televisor. Luego de la internación en el psiquiátrico me vi forzado a cambiar de hábitos, y así fue que me transformé en asiduo visitante de blogs como éste, éste o este otro. Un día, mientras me reponía de la segunda internación, un amigo me hizo chocar contra un DVD de la primera temporada de Lost. En dos días me vi la temporada completa, y no pude parar más hasta que hoy estoy al día, bajando a la madrugada el último capítulo que se emitió la noche anterior en Estados Unidos. No voy a hablar a favor de la serie porque cada uno es dueño de ver lo que se le cante. Sin ir más lejos, ayer una amiga me confesaba que le gustaba mirarse en el espejo el agujero del culo para ver si lo tenía negro. No deja de ser un programa atractivo, pero es más bien aburrido. Digamos que es un programa que dura un solo capítulo, una vez develada la incógnita pierde interés, a menos que a mi amiga le dé por pintarse el OGT de diversos colores. No me lo dijo. En todo caso, acá va mi ranking de las chicas de Lost, y un poco congraciándome con los machos visitantes de este blog que sufrieron hace poco con mi post de hombres buenos mozos. Me decido por la coreana Sun porque no sólo está más buena que comer pollo con la mano, sino que es muuuuuuy dulce, con labios gruesos pero chiquitos, diría mi amigo ulises, una telnulita, Kate (Evangeline Lilly) es "la" mujer de Lost, y hay para todos los gustos, hasta la muy morocha Ana Lucía está para morfársela con dulce de leche. Bueno, les dejo las fotitos y prometo a los hombres, aunque creo que Sawyer (Josh Holloway) se lleva todos los premios.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Una puteadita más

Sabido es que la edición de los medios responde a la ideología de los dueños. Sabemos que los periodistas no son sino instrumentos de ello y muy de vez en cuando escriben lo que les parece. No voy a abordar este debate en el blog porque las puteadas nos quedarían cortas y pasaríamos a las manos. Es decir, el rol del periodista y demás es un tema demasiado arduo para el autor de este humilde espacio. Eso dejémoslo para Papipo, mejor dicho, para cuando tenga ganas de dejarse de rascar el higo y vuelva a hacer un blog más o menos decente. Algo decente, no le pedimos mucho porque incluso él, por ser un tipo limitado, está imposibilitado. Pero bueno, mirá qué linda la edición de estas dos notitas. Acá, en la web, estàn separaditas, todo muy lindo; pero en la página 15 de información general de La Nación de hoy, lunes 3 de noviembre, el editor decidió poner como foto epígrafe, adentro de la nota cuyo título es "No estudian ni trabajan 400.000 chicos", la noticia de que un taxista fue asesinado en Mar del Plata. ¿Una casualidad? Sí, en todo caso la misma casualidad que llevó al editor fotográfico de Clarin a no darse cuenta que entre las fotos que le pasó el fotógrafo se veía claramente al asesino de Maxi Kosteki y Darío Santillán. Fíjense, en caso de que la nota haya sido hecha de buena leche, lo contentos que deben estar los dos autores de la nota, no? Cuánto tiempo le puede llevar a un lector de La Nación ligar las dos noticias y encontrar un culpable? Y hay más: la página no tiene desperdicio. Una columnita al lado dice que "No habrá baja de la edad de imputabilidad" y "democráticamente" decide darle voz a tres personas que se han manifestado en contra de esa medida. Ya sé que la tengo con La Nación y que casi todos los medios incurren en esas cosas. Pero es el diario que leo, Clarín me provocaba arcadas y tuve que dejar,y así. Por eso vaya esta puteadita para el más hijo de puta de los medios centenarios de este país.

lunes, 27 de octubre de 2008

Daños

Qué daño puede hacer Bono con esto? Es criticado por estas actitudes. Yo lo banco. Hay muchas formas de hacer daño, como por ejemplo ese par de hijos de puta que Bono nombra en el video. Otros hacemos daños más pequeños, aun sin proponernos hacer daño lastimamos. Hemos recibido también de esa medicina. Cuando nos lastiman parece que somos los únicos perjudicados, y nos olvidamos que ayer lastimamos a alguien, o fuimos indiferentes, o no llamamos a nuestro mejor amigo, o pasamos de largo sin mirar a los ojos a esa nena de 5 años que nos pedía monedas. Quién dijo que no hacemos daño? Sabemos lo que pasa por la cabeza de esa nena cuando avanzamos indiferentes? Y después viene el pelotudo de Scioli a querenos convencer de que esos chicos pueden crecer sin odio, que se vaya a cagar y se corte la otra mano, pedazo de hijo de puta. A veces nos mentimos diciendo que no hacemos mal a nadie porque sólo trabajamos y pagamos nuestros impuestos. Minga. Siempre hacemos daño. Mientras avancemos indiferentes, sin saber muy bien lo que nos rodea, hacemos daño. No nos mintamos más. Por eso, para todos aquellos que me hicieron daño sin querer, hoy aprovecho para mandarlos de nuevo a la concha de su madre; pero también para dejarles esta canción, en la que según parece dos que se querían también se hicieron daño, sin proponérselo.


Y acá la letra, una belleza
Is it getting better, or do you feel the same?
Will it make it easier on you, now you got someone to blame?
You say one love, one life, when it's one need in the night.
One love, we get to share it
Leaves you baby if you don't care for it.

Did I disappoint you or leave a bad taste in your mouth?
You act like you never had love and you want me to go without.
Well, it's too late tonight to drag the past out into the light.
We're one, but we're not the same.
We get to carry each other, carry each other... one

Have you come here for forgiveness,
Have you come to raise the dead
Have you come here to play Jesus to the lepers in your head
Did I ask too much, more than a lot
You gave me nothing, now it's all I got.
We're one, but we're not the same.
Well, we hurt each other, then we do it again.

You say love is a temple, love a higher law
Love is a temple, love the higher law.
You ask me to enter, but then you make me crawl
And I can't be holding on to what you got, when all you got is hurt.

One love, one blood, one life, you got to do what you should.
One life with each other: sisters, brothers.
One life, but we're not the same.
We get to carry each other, carry each other.
One life, one.

Y acá también en español, para los ignorantes que no saben inglés

miércoles, 22 de octubre de 2008

Una marca en la cacha del revólver


La Negra Mónica no era una mina del montón. En el barrio no cualquiera se le acercaba. Era mayor que todos los pibes de la cuadra y, a diferencia de otras minas, de la Negra nadie hablaba como de las otras. Nada de "a esta la chupo toda", o "me la como con dulce de leche", nada de eso. Mónica era una dama. De los chabones más grandes del barrio, pocos eran los que podían chapear con ella. Con cada novio que le veíamos, decíamos: con éste se casa. Porque ella no era de andar con cualquiera. Sin embargo, más tarde o más temprano, la Negra terminaba sola. De todas formas, con semejante mina solo era cuestión de tiempo. "Morocha de labios gruesos por no decirte negra jetona", le largó el tano una vez. Nosotros salimos corriendo porque pensamos que nos iba a rajar una puteada. La Negra se paró, le sonrió con esa sonrisa que podía derretir el Perito Moreno y le explicó al Tano que ésa no era forma de tratar a una mujer. "Tano, acordate, a las mujeres nos gustan los hombres sensibles, que nos entiendan, que nos traten dulcemente. a esos hombres las mujeres entregamos nuestro corazón. Vos sos un lindo pibe, y cuando seas grande vas a ver que si hacés esto que te digo, las minas van a morir por vos." El Tano, todo colorado, le dijo: "gracias Mónica". Ella le dio un beso, revoleó su cabeza llena de rulos y se fue. "Cuando se agachó a darme un beso, le miré las tetas", dijo el Tano como todo comentario. Las tetas de la Negra Mónica eran cosa seria, y no era cuestión de desaprovechar la oportunidad. Y el Tano había aprendido una lección, pero bueno, la carne es débil.
Cuando me fui del barrio la Negra Mónica todavía estaba soltera. Detrás de la búsqueda de ese caballero se le iba la vida. Mientras tanto, cada uno que estaba con ella se encargaba de hacérselo saber a todo el mundo. Claro, era mina para darse dique. Nunca entendí por qué los tipos necesitan contarle a otro cuando están con una mina. Y aunque pude haberlo hecho, siempre me pareció de poco hombre. Y que las minas lo hagan, no sé, allá ellas. Los tipos no deberíamos hacer esa boludez. Ahora tal vez no sea tan grave, pero en una épocaa una piba que simplemente ejercía su libertad saliendo con dos o tres pibes en poco tiempo, tal vez esos comentarios le hacían una fama inmerecida. He conocido pibas que les habían hecho fama de fáciles y qué sé yo, y las minas nada que ver. Ahora eso cambió, pero aun así habría que tener cuidado. Bueno, a la Negra Mónica le pasó un poco eso. Y cuando trascendió que la mina era una dama y todo eso, cada uno que se le acercaba parecía el duque de Edinburgo, pero después que la Negra pasaba por la catrera, todo cambiaba. Se transformaba, como ella me dijo alguna vez, en una marca más en la cacha del revólver.
Como dije, me fui del barrio y por muchos años no la vi. La reencontré tiempo después en una feria artesanal. Algo muy loco. Habían pasado algunos años, yo era un joven inexperto y ella toda una mujer, todavía sola. Casi sin querer me sedujo y terminamos en un telo. Nos vimos varias veces más, pero nunca, nunca, nos dijimos nada de nada. Era un acuerdo tácito que nuestra relación no pasaria de ahí, de esa cama, de ese hotel. Nunca supe por qué. La diferencia de edad, al fin y al cabo, no era tanta; podríamos haber construido alguna relación. Pero no.
Un día, prendió el pucho y me dijo: sabés lo que me pasa? que cuando estoy con vos, siento que estamos los dos solos, y que no vas a ir a contarle a nadie que estuviste con la Negra Mónica. Porque al fin y al cabo lo único que logré estos años es que cada tipo con el que estuve corriera a contarle a sus amigotes. Y yo al tipo que hace eso lo tengo que dejar, entendés? Eso no es de caballero...
Sus ojos llorosos, por primera vez, me delataron su infinita tristeza. Quise ayudarla, meterme más en su vida, pero no me dejó. "No, dulce, me dijo, vos sos esto; es lindo estar juntos, pero así son las cosas". Al poco tiempo dejamos de vernos, tan silenciosamente como nos habíamos encontrado.
Hace unos meses volví al barrio. Me la crucé en una esquina. Nos abrazamos y ahí nomás me llevó a la casa a tomar mate. Después de contarme lo bien que le iba profesionalmente, de contarme chismes del barrio y demás, me dijo: sabés que nunca me arrepentí de no volver a verte? Bueno, Moni –le dije–, pensé que había dejado algo más fuerte en vos... No, no, no te confundas. No me arrepentí pero no por eso, sino porque fuiste sincero, y nunca me lo dijiste pero me quisiste mucho. Siempre pensé que de haber seguido juntos se hubiera roto ese hechizo. Y entonces hoy estoy contenta de guardar ese lindo recuerdo de la relación con vos. No me enamoré de vos y sin embargo sos el hombre que más dulcemente recuerdo. No supe qué decir ante semejante confesión, que además no estaba cargada de ninguna insinuación. Era simplemente lo que ella pensaba.
–Pero Moni, vos seguís siendo hermosa, no te podés resignar a estar sola...
–Puede ser, sí, pero hoy sé que cada vez que estoy con un tipo no soy otra cosa que una marca en su vida. Es como que me resigné a ser eso que te dije una vez: una marca en la cacha del revólver.
Apuré el último mate, la abracé muy fuerte y me despedí. Mientras manejaba hacia mi casa pensé: algo no anda bien en las relaciones humanas.

martes, 21 de octubre de 2008

Hijos de puta




Ya sé, ya sé que son grandes hijos de puta, y que llevan muchos años haciendo lo mismo, pero aun así no me resigno. Mirá qué linda forma de presentar la noticia de una represión a los maestros... Cachos de mierda, no valen una escupida. Un día habría que tirar abajo ese edificio, porque no lo podríamos usar para nada, está todo contaminado de esta mierda que son hace más de 100 años.


viernes, 17 de octubre de 2008

Machos






El otro día, leyendo una muy buena nota de la mujer que me quita el sueño, me puse a pensar. Ella siempre me hace pensar. Y me dije: Peralta, basta de minas, venimos dándoles duro, primero a las, y viendo su hermosa foto (donde está tan bella como siempre), me puse a pensar. histéricas, después a las separadas, que la Coca, que la Negra Pais, y dije: sí, Cristina, amor mío, tenés razón. Basta de fotos tuyas y de todas esas morochas buenas para nada. Vamos a poner fotos de tipos. Resulta que el otro día, en el lugar donde me pagan el sueldo por hacer que trabajo, un tipo piropeó a otro, pero bien, de macho. Y hace poco otro macho irremediable me dijo: qué bien te queda la ropa clara... Loco, qué esta pasando? Nos volvimos todos putos? Una asidua provocadora visitante de este blog, la Adelita, diría que somos todos putos... Pero eso no es cierto. No somos todos putos, pero algunos sí, incluso algunos que no lo saben. Pero el resto, los que estamos entre los machitos, siempre con la servilleta lista para devorarnos cualquier animalito bien asado, incurables cultivadores del saber dar placer, aquellos que tenemos que separar a cachetazos la parva de féminas que nos acosan, también estamos cambiando. Y pienso que no está tan mal. No nos hace menos hombres halagarnos entre nosotros. De todas formas, nunca vamos a llegar tan lejos como las minas, que no sólo dicen: ay, qué bien te queda, sino que de ahí pasan directamente al manoseo, y que sólo cesan cuando descubren nuestros ojos inyectados en sangre, con la mano en la bragueta listos para saltar sobre ellas. Sin llegar a esos extremos creo que podemos decirnos alguna que otra cosa, darnos ánimo. Dale, loco, metele palante que esás hecho una fiera. Esa camisa te queda jamón, qué lindos zapatos... No vamos a ser menos machos por eso, porque los verdaderos machos mostramos nuestra hombría donde hace falta. En fin, todo esto fue porque ella me hizo pensar en eso, y antes de poner una foto de ella, voy a colgar acá dos o tres fotos de tipos que me parecen lindos, a lo macho.
1. El Nano está viejo, sí. Todos estamos más viejos. Pero con el Nano me tomo unos vinos y después si no encontramos nada mejor (que al lado de él va a ser difícil que no encontremos), le digo: dame un beso.

2. A Brad Pitt no le doy un beso, pero lindo guacho, eh, lindo guacho.

3. El viejo Paul Newman. Ya no le puedo dar un beso. Pero me hubiese encantado jugar con él uno partido de billar en "El jugador" o en la segunda parte que hizo con Tom Cruise, que acá llamaron "El color del dinero". Un lindo tipo, gran actor.

4. El hombre del momento. Les-gus-ta-a-to-das. Y, para no quedar mal con ellas, el galán del momento, dueño de una gran sonrisa.

domingo, 12 de octubre de 2008

¿Y esto por qué?

Tenía 28 años, rubia, ojos verdes. Habíamos trabajado juntos dos años y nunca, pero nunca, la vi arreglada. Venía toda despeinada, jeans, alguna remera grande, siempre fumando Particulares, las uñas sin arreglar. Un escracho. Era menos femenina que el Increible Hulk. Cuando una persona es linda, como lo era ella, cualquier retoque le queda bien. Así que bastó que se peinara, se pintara un poco y cambiara su vestuario para quedar bellamente transformada. Por supuesto, se lo hice notar, y su respuesta fue: "me separé". Llevo muchos años trabajando con mujeres, y es notable ver cómo se producen una vez separadas. Ahora bien, vamos a los motivos. Se podría pensar que, una vez separadas, se liberan y, como los indios, se pintan para la guerra. Pero esto, si bien es aplicable en algunos casos, no creo que sea algo general; es decir, si vos querés aprovechar la volada y antes de que algún gavilán se adelante querés darle una probadita a la reciente separada pueden pasar dos cosas: que te mande al carajo o que te utilice para llorar sus penas. Una amiga una vez me dijo que eso lo hacen para disimular la tristeza y la depresión por la separación. Puede ser, pero yo digo: no sería mejor que se arreglaran antes de separarse? Digo, por ahí el tipo se cansó de llegar a la casa y encontrarse siempre con Lita de Lazzari; tal vez no hacía falta esperarlo como Jesica Cirio; pero producite un poquito, nena, qué sé yo, parecete aunque sea a la Negra Ernestina País. Pero antes de que el coro feminista salte descontrolado, les digo: este descuido vale también para los tipos. La única diferencia es que cuando se separan no mejoran, simplemente ya no tienen retorno.

PD: puse la foto de Ernestina porque el culo de la Cirio no entraba en la pantalla

domingo, 5 de octubre de 2008

Coca

–Dale, vení, hoy hay prueba de historia, estamos todos en pelotas, no estudiamos ni media página
–Pero yo me eximo con 4, Fatura, no me hace falta estudiar, para qué me voy a ratear?

–Dale, no seas puto... Mirá que nos vamos al cine a ver a la Coca Sarli, vos la viste?

–No. quién es?

–Una morocha tetona con unas tetas así...

–No sé quién es, Fatura, me voy a comer una falta al pedo


Eramos pendejos, sin guardapolvos pero con útiles por el centro de Avellaneda. Paramos en la puerta del cine, vimos los carteles, seguimos de largo, discutimos la estrategia y después volvimos. "Acá te dejan entrar, no hay drama", dijo Fatura. "Vos porque tenés cara de viejo, Fatu", le dijo el Lobo, con cara de nene y petiso. Al final nos mandamos, el boletero ni nos miró la cara siquiera, si aparentábamos 18 era entre todos, como dijo el Chino una vez en lo de la Gallega, un prostíbulo de Villa Fiorito creo que era. Pero bueno, ésa es otra historia.

Entramos al cine, por supuesto estaba todo oscuro, pero todo oscuro de verdad, se escuchaban voces, música de película, jadeos, pero la imagen no estaba en ningún lado. El piso era de madera, pero de una madera como flotante, por ahí mandabas el paso y te enterrabas medio metro para abajo. Seguía todo oscuro, hasta que después de avanzar varios metros empecé a ver montones de pendejos, todos mirando hacia delante, hasta que caí en la cuenta de que la pantalla estaba a mis espaldas. Ese es el famoso cine Colonial, el único cine –en esa época al menos– que se entra por el lado de la pantalla.

Nos sentamos todos juntos, por supuesto, con lo cual nadie se animó a tocarse así escandalosamente, alguna mano al bulto para evitar que explote, cada tanto, cuando el escote de ese infierno de mujer dejaba ver más de la cuenta. Pero en el resto del cine los pendejos que estaban solos se mandaban tremendas pajas, y hasta ruido hacían los hijos de puta. Lo más interesante de todos quienes alguna vez disfrutamos a la Coca en el cine es que les vimos los pezones mucho después, a principios de los 80, porque les cortaban todas las partes en donde pelaba las gomas, que eran muchas escenas, claro.

Igual, con todo lo demás bastaba.

Hace unos días, escuché por ahí, se cumplieron 50 años de su primera película, El trueno entre las hojas. No sé si será correcto pero me dieron ganas de hacerle un homenaje (uno más) a este monumento de mujer.

Además de la famosa anécdota de "Carne", se cuenta otra, también protagonizada con Romualdo Quiroga. Se trataba de una escena en la que ella debía salir del agua, semidesnuda, el tipo la agarraba, le pegaba dos cachetazos, la tiraba sobre la arena, le chupaba las tetas y la violaba. El tema es que la escena no era creíble (según Armando Bo) y la repitieron una y otra vez. Hasta que ya agotada de tanto maltrato, tirada sobre la arena y con Romualdo Quiroga encima, le dice: "chupe Romualdo, chupe que es trabajo; si no de acá no nos vamos más".

La Coca es ese tipo de mujer que hoy no podría existir, no tendría cabida esa forma de ser. Fue mujer de un solo hombre. Amó a su madre como a nadie y vive rodeada de perros, a quienes ama. Creo que no es consciente de lo que generó en el mundo entero. Y tal vez sea mejor así, se sentiría mal si tomara conciencia de cuántos millones de pajas promovió.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Histéricas y querendonas


Los hombres somos seres más bien simples, muchas veces primitivos, que la sabiduria femenina define con pocas palabras: "los hombres sólo quieren ponerla". Esta definición general se aplica a todo hombre que se precie, y nos diferencian apenas algunos matices, que tienen que ver sobre todo con la estrategia para conseguir el fin último que rige nuestras vidas. (Para más información leer a Alejandro Dolina.)
En cambio las mujeres tienen varias categorías. Y quiero referirme aquí, hoy, a sólo dos de ellas: las histéricas y las querendonas. Motiva este post una historia que me contaron de un pueblo de la provincia de Buenos Aires.
En ese pueblo, una chica de unos 30 años está preocupada porque descubrió que su madre (seguro más de 60) fue toda su vida infiel a quien ella y sus hermanos consideran "el papá". Resulta que este buen hombre vivía en el campo de lunes a viernes, y sólo aportaba por el rancho familiar los fines de semana. Pero resulta que de lunes a viernes la doña metía tipos por la ventana de la casa. (Vale aclarar, para quienes no conocen, que en el interior todavía las rejas en ventanas y puertas son una rareza.) Los tipos, una vez consumado el acto con la doña querendona, salían por el mismo lugar que entraban, es decir, la ventana. Esta chica, hoy de 30 años, recuerda que esta situación se daba desde que ella era muy pequeña. Lo impresionante del caso es que esto sigue ocurriendo aun hoy. Un caso la querendona sesentona.
Pero para que vean lo que son las minas. De los muchos hermanos, casi todas las mujeres quieren hacerse el ADN para ver quién es el padre, a los varones les da lo mismo. Ellos creen que su padre es ese que llaman papá, y están de acuerdo en que siga así. Ellas no, quieren saber más, no se conforman. Pero ésa es otra historia. Lo que quería resaltar de este hecho es a la doña querendona, una valiente que en ese pueblo tan pequeño debe estar marcada como la más puta entre las putas. No la conozco, pero ya la admiro. La mina atiende los tipos por la ventana, los despacha por el mismo lugar y se caga soberanamente en el qué dirán.
En mi barrio había otra querendona. Una señora con marido y dos hijos ya grandes, jóvenes de más de 20 años, que andaban de rateritos por el barrio. La señora solía limpiar por horas en algunas casas, y si te tenía a mano te mandaba una soplada de caño o lo que le pidieras. Y no distinguía entre jóvenes o viejos, eh; si estaba el señor de la casa o el pibe que venía de jugar al fóbal, daba lo mismo para ella. Pero un día se enamoró, pobrecita. Y no del marido, claro. Entonces se llevó a su amante a vivir con ella, el marido y los dos hijos. El amante dormía con ellos en el dormitorio matrimonial. Por lo general cogían a la mañana, pero si se daba la ocasión y el marido se dormía temprano, él se pasaba de cama, y así de costadito, sin moverse demasiado, se mandaban un tirito. La querendona 2, de allá de mi barrio, no era linda, para nada; pero era querible. Y sí, querendona.
En el otro extremo se ubican el terror de los hombres: las histéricas. Los tipos solemos ver este tipo de especímenes en cada material femenino que se nos cruza. Y, por supuesto, cualquier caída de ojos, cualquier sonrisa, nos pone a punto para caer en sus redes. "Ay, no, qué entendiste? cualquiera!!! estoy casada hace 10 años, y estoy muy bien, me caés bien pero nada más".
La ductilidad femenina hace que una misma mina pueda pasar por las dos etapas con años o apenas meses de diferencia. Algunas teorías sostienen que la mujer es naturalmente histérica y que sólo pasa a otros estadios una vez que le rompieron bien el orto. Yo no adhiero a esa teoría. Pero no la combato.
La verdad, y aquí el inicio de la polémica, hoy en mi vida, entre unas y otras me quedo con las histéricas. Cuando uno es joven y con tal de ponerla le da lo mismo un hormiguero que el culo de mi tía Francisca, las querendonas son necesarias. Tienen que estar, si no moriríamos de calentura.
Pero con los años vas aprendiendo (y sobre todo cuando la erección en lugar de una hora te dura 15 minutos) que las histéricas tienen un plus. Les gusta jugar. Juegan con vos como el gato con el ratón, te envuelven, te seducen, te manejan. Pero como eso no es fácil de lograr, tienen que apelar a su dulzura, su encanto, su simpatía, cuando no directamente a sus atributos físicos para tenerte calentito. Y yo, muchachos, hoy en día prefiero que una mujer me sonría antes que me diga, con voz de Adriana Varela, "sacala que te la chupo".

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Objetividad

A ver si terminamos de una vez con la pelotuda objetividad periodística. Acá tenemos dos ejemplos de que el periodismo está más o menos terminado, aunque unos están más lejos que otros del final. Veamos: Página es el diario oficialista por excelencia, presenta la noticia del día en su tapa con todo: Cristina en la ONU cantándole un par de verdades al imperio. Aunque podamos disentir respecto de lo que dice o hace la señora, está claro que ayer ésa fue la noticia, por varios motivos: no habló sólo de economía, sino que se refirió a la ONU, a Malvinas, a la AMIA, a Bolivia, las relaciones multilaterales, en fin, un poco de todo lo que le importaba. Pagina refleja esto y arriba, bastante grande, la noticia que más molesta al Gobierno: el testimonio de Antonini el mismo día que habló Cristina en la ONU. (Casualidades? Sí, chúpenme un huevo.)

Acá abajito, el medio objetivo por excelencia, La Nación, que "se olvidó" que Cristina habló en la ONU. Y no sólo se le olvidó en la tapa, sino que adentro separó la información de manera tal quedara totalmente diluido el discurso en la Asamblea de las Naciones Unidas.
Queda claro ahora por qué Antonini declaró ayer y no otro día? Y que dijo, justamente, lo que La Nación había adelantado hace una semana? Que La Nación parece tener información del FBI? No, che, déjense de joder, qué mal pensados.

martes, 23 de septiembre de 2008

Cristina...

sos mi ángel, mi sol, mi luna, mi aire; por eso cuando no estás no puedo respirar. Te fuiste el sábado y ya se extraña tu perfume. Pero qué lindo es saber que cuando no estás, es porque vas a hacer lo que hiciste hoy, allá lejos, en los mismísimos huevos del imperio. Siempre me defraudás, y por eso te amo, y cuando no me defraudás, como hoy, te amo más. Te faltó dedicar el discurso a toda la gilada. Pero bueno, eso nos queda a nosotros, tristes mortales a tu servicio. Sos tan linda que ya ni una foto te hace honor, por eso te dejó acá algo tan bello como vos, la música. Hay, por supuesto, muchas versiones del Canon de Johann Pachelbel, pero ésta me pareció muy divertida.



y acá abajo les dejo otra versión para ulises dumond. Sé que le va a gustar

domingo, 21 de septiembre de 2008

Rahola, chupame las bolas


Esta reverenda hija de puta, según Infobae "periodista y política", ya ha dado sobradas muestras de su fascismo, de su apología del asesinato del pueblo palestino a manos de Israel; bueno, para ella, ETA es directamente peor que Al Qaeda. Independientemente de las valoraciones que podamos hacer de las acciones terroristas, encubrir y justificar el genocidio palestino es directamente de yegua mal cogida. Hace un par de años me tomé el trabajo de escuchar un par de horas de una conferencia de ella acá en el país, no me acuerdo invitada por qué otros hijos de puta. Hace poco, Samurai Jack también habló de ella en su blog. Ahora le dedican estas líneas en Infobosta, a caballo de declaraciones que además hizo en una radio que le fue expropiada por Hadad a los ciudadanos de Buenos Aires. Los soretes no sólo flotan, sino que además se juntan. Lo que no entiendo es por qué esta yegua mal parida todavía es respetada por cierto "progresismo". Qué carajo de progre le ven a esta reverenda puta?? Por qué no se hacen coger por un tiranosaurus rex, pedazo de pelotudos?? En fin, me quería descargar con esta yegua, que la tengo atragantada desde hace un par de años.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Otro alto

Para seguir con mi vagancia, y para bronca del Aguilucho, voy a dejarles esta hermosa canción, interpretada por Charlie Haden y Pat Metheny. Otra linda versión la pueden escuchar en la película "Cinema paradiso". Gracias a la persona que me la envió y con cuyo permiso, y de los autores,por supuesto, la cuelgo acá para deleite de todos ustedes. A quienes no les guste, ya saben. Ani está exceptuada, porque no quiere ser infiel por un huevo. Ah, no sé subir mp3 al blog, si alguno me explica, agradecido.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Para el que guste

Mientras medito qué carajo poner sin ceder a las presiones del Aguilucho por contar anécdotas de mi triste y traumática infancia, les dejo a la dulce Julieta Venegas cantando con Marisa Monte una hermosa canción. A quienes no les guste la canción, háganme el favor de chuparme un huevo.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Un boxeador de la calle


Se llamaba Néstor, no importa el apellido. Digo se llamaba porque no lo vi nunca más. Pero nunca olvidé la historia que voy a contar, que es pequeñita pero que marca a fuego nuestra vida. Tuve la suerte de comenzar la escuela secundaria en un buen colegio de la zona sur del Gran Buenos Aires, a pesar de que yo venía de los medios fondos, y el protagonista de esta historia, directamente de los bajos fondos. Ambos éramos humildes, y en un colegio ubicado en pleno centro de esa ciudad grande en la que vivíamos, más bien nos fuimos acercando por nuestra condición social. Ambos nos asombrábamos cuando íbamos a estudiar a la casa de algún amigo e ingresábamos en una mansión de dos plantas con escalera de madera y dos o tres baños. Para nosotros eso era ser rico. Después aprendí que así viven los profesionales de clase media. Pero eso no importa. Lo que quiero contar es que Néstor, a diferencia mía, era un gran peleador. Seguramente, allá en su humilde barrio, tuvo que abrise camino a las piñas. Tan humilde era Néstor que caminaba mirando siempre el piso, con los ojos bien abiertos. Un día le pregunté por qué. Y me dijo que en el suelo siempre se encuentran cosas, y que por eso él caminaba no mirando hacia abajo sino directamente buscando algo. Y era cierto, por lo menos dos veces caminando conmigo encontró plata. Néstor era bueno peleando pero no le gustaba mucho pelear, sólo lo hacía, digamos, por "necesidad". Como sabemos, en el secundario las peleas no se arman entre dos personas, sino que son los demás, especies de "padrinos" que van con el lleve y traiga para calentar a los contendientes. Y a Néstor le inventaron una pelea con Ernesto. Ambos eran mis amigos, pero bueno, la pelea estaba armada y allí fuimos, a la plaza, a rodearlos a los dos mientras se cagaban a bollos. Ver pelear a Néstor era un placer. Antes de Gustavo Ballas, la primera persona que vi pegar retrocediendo fue precisamente Néstor. En esas peleas callejeras él siempre mantenía distancia (tenía brazos largos, que lo favorecían, claro), y cuando el otro se le venia encima daba el paso atrás y sacaba la zurda, todo en un mismo movimiento. Nunca era él quien atacaba, siempre se defendía pegando, pero pegaba siempre, hasta que ganaba de tantas piñas o cuando llegaba algún mayor a separar. A Ernesto le pegó dos o tres trompadas nomás, hasta que Ernesto, buena persona como era y poco afecto a las peleas también, paró la pelea y dijo, simplemente, "me ganaste", agarró sus cosas y se fue. Esto sucedió un viernes, y el sábado se apareció Néstor por mi casa. Me dijo: che, acompañame a lo de Ernesto, le quiero pedir disculpas, yo no quería pelear con él. Y allí fuimos, hubo un pedido de disculpas, un darse la mano, y esa tarde la pasamos los tres juntos, haciendo no sé qué gilada, como tres grandes amigos. En esa época yo no sabia cuánto me enseñaron la hidalguía de Ernesto (que supo en qué momento abandonar) y el don de gente de Néstor, que fue a pedir perdón cuando no tenía necesidad (había ganado la pelea). Hoy sé que ellos dos me enseñaron mucho, por supuesto sin proponérselo. Lo triste es que repetí el año y nunca más los vi. No sé si hubiera aprendido mucho más, pero esa lección de vida no me la olvido más.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Tengo un puto en la terraza

He hablado y otros han hablado en este foro sobre mi barrio, allá en el lejano sur del conurbano. Los arqueros sin manos han exagerado quizá algunos comentarios, así que por eso voy a contar aquí una anécdota para que no sea crea que allá éramos todos salvajes. A la vuelta de mi casa vivía, por decir un nombre, José, un tipo poco afecto a la diplomacia y bastante primitivo. Al lado vivía otro pibito, un chico tiernito, con buenas intenciones pero falto de carácter, se llamaba Serafín. Cuando a José, ya entrado en la preadolescencia, se le paraba la garcha, recurría a su vecinito Serafín para que le tirara la goma, actividad que hacían en la terraza de uno de ellos. Dos o otres veces por semana subía Serafín a cumplir con ese penoso menester, hasta que fue creciendo y se retobó. Dejó de subir a la terraza y mi vecino José tuvo que recurrir a la paja, en esa época mal mirada por la mayoría de los adultos, que te decían cosas tales como que el exceso de masturbación te dejaba tarado o, en el mejor de los casos, te crecían pelos en las manos. Para José era humilllante tener que consolarse él mismo, así que se decidió a obligar a Serafín a que vuelva a tirarle la goma. Así fue que desde el mismo lugar de aquellos encuentros, la terraza, José esperó a Serafín con una soga; cuando éste alegremente salió a la calle para hacer algo que le había encargado la madre, José lo enlazó y lo colgó; mientras lo tenía medio ahorcado, le decía que tenía que volver a tirarle la goma. Serafín no tuvo otra que aceptar y, entre sollozos, subió a la terraza. No se puede culpar a José de la supuesta putez de este pibito, porque ya en la escuela Serafín gustaba de sentarse arriba de algunos compañeritos para que le apoyaran el ganso. De ahí a transformarte casi en la esposa de tu vecino hay un gran trecho, pero a José no le importaba. José, justo es decirlo, para esa época ya había incursionado por el culo de algunos perros del barrio. Era más bien calentón, digamos. Serafín, con varios metros de pija de José deglutidos, al poco tiempo se mudó del barrio. Ya se había corrido la voz y los más osados le prestaban la bicicleta a cambio de alguna chupadita. En fin, hasta donde sé, José siguió su vida como heterosexual, tal vez Serafín también, no sé. De todas formas, siempre me pareció injusto que Serafín haya tenido que pasar por esas experiencias en su niñez y pre-adolescencia. Hay métodos mucho más refinados para comérsela. Les dejo el video de Todo x 2 pesos

martes, 26 de agosto de 2008

Otra historia de amor

Copiando al doc 9, voy a incursionar en esas historias que tan bien cuenta él en su blog. Y voy a volver, de paso, a las historias de amor. En este caso, una historia que inspiró varios de las letras de José María Contursi. La más famosa de ellas, Gricel.
José María Contursi era un letrista bohemio, de esos que pululaban en el Buenos Aires del 30 y 40. Pero se enfermó y el médico le aconsejó –como se hacía en aquellos años– que se pasara una temporada en Córdoba. Tenía unos familiares en esa provincia y hacia allí partió Contursi. En esos meses que pasó en esa provincia conoció a Susana Gricel Viganó, una joven que se obnubiló con aquel bohemio que la enamoró.
Contursi correspondió ese amor mientras estuvo en Córdoba, pero cuando volvió a Buenos Aires regresó con su mujer y su hija, creyendo que de esta forma olvidaría a Gricel, que quedó sufriendo, allá en Capilla del Monte.
Nada más lejano, pues Katunga (así le decían a Contursi) jamás pudo olvidar a aquella dulce muchacha, y decidió inmortalizarla con sus versos. Varios tangos de la obra de Contursi tienen que ver con Gricel, dicen los que saben.
Gricel fue conocida muchos años, en Capilla del Monte, donde murió en los años '90, como "la chica del tango".
Pero antes de eso, Contursi enviudó y se entregó al alcohol, creyendo que así olvidaría a su querida Gricel, a quien creyó perdida para siempre. Ella, por amigos mutuos, se enteró de la viudez de Katunga y se vino a Buenos Aires. Vivieron juntos y Gricel cuidó a Contursi hasta el dia que murió. Después se volvió a Capilla del Monte. Como homenaje a ese amor, les dejo la letra y un video con la canción. Youtube no tiene al Polaco cantando Gricel, así que les dejo otro lindo videíto.

No debí pensar jamás
en lograr tu corazón,
y sin embargo te busqué
hasta que te encontré
y con mis besos te aturdí
sin importarme que eras buena.
tu ilusión fue de cristal:
se rompió cuando partí,
pues nunca, nunca más volví...
¡Qué amarga fue tu pena!
-No te olvides de mí,
de tu Gricel,
me dijiste al besar
el Cristo aquel;
y hoy que vivo enloquecido
porque no te olvidé,
ni te acuerdas de mí,
Gricel... ¡Gricel...!

Me faltó después tu voz
y el calor de tu mirar,
y como un loco te busqué,
pero ya nunca te encontré
y en otros besos me aturdí.
Mi vida toda fue un engaño...
¿Qué será, Gricel, de mí...?
Se cumplió la ley de Dios,
porque sus culpas ya pagó
quien te hizo tanto daño.

jueves, 21 de agosto de 2008

Mediocres

No, bueno, nos tapó el agua. La semana pasada, caminando por mi actual barrio (que no tiene nada que ver con aquel de algunas historias de este blog), veo un cartel de publicidad con una obra, algo así como "El libro de la selva", cuyos protagonistas eran Darío Lopilato, Zaira Nara y Christian Sancho. Encima después busco en Internet y veo que es una obra para pibes!!! Pero dónde mierda vamos a ir a parar? Qué carajo tienen que hacer en una obra de teatro estos tres perejiles?? Quién carajo los conoce?? Ah, no, me dicen que son conocidos. Entonces busco: Darío Lopilato resulta ser el hermano de la tetona Luisana. Yo digo: los padres de estos dos tarados, no tienen nada mejor que hacer, la reconcha puta de su hermana? Que nos manden a la pibita, bueno, vaya y pase; es linda, tetona, le gustan los putos. Eso en una mina siempre es bueno porque baja el kilometraje de pija manducado, Imagínense, por ejemplo, Zaira Nara debe haber pasado ya los 55 kilómetros; ni hablar de la petera de la hermana, que pasó los 200 contando todos los agujeros. Pero volviendo a los padres Lopilato, además de la pibita, que salvo tirar la goma y decir que cree en Dios no sabe hacer nada de nada, nos mandan a este pejerto, a este pibe bueno para nada, a este salame, a que haga una obra para pibes. Pero por qué no van a laburar, manga de vagos, soretes? Por qué no dejan que los pibes estudien y hagan algo como la gente en lugar de cagarnos la vida a nosotros y a nuestros hijos, la concha puta de la yegua que los recontraparió? Tengo los huevos al plato de esta manga de inútiles, quién es el reverendo hijo de una yegua ensartada que cree que esta gente es buena para algo? Por qué no se matan, la reconcha de su madre? En fin, la verdad que tengo ganas de quemar todos los carteles, a los padres de Lopilato, y a Zaira Nara y Luisana largárselas a mi amigo Nacho para que las mate y después se haga una paja.

sábado, 16 de agosto de 2008

Amantes

Ernesto resopló y pareció expulsar sus 70 años así, de golpe. Eyacular le parecía todavía un milagro, como aquella mujer ahora a su lado, Ana, apenas un año menor que él. Apoyó la cabeza en la almohada y prendió un cigarrillo.
–Te acordás de la primera vez? –preguntó ella.
–Uh, fue hace tanto –dijo él.
–Yo no me olvidé –contraatacó Ana.
–Para vos es distinto –se defendió Ernesto.

Hacía exactamente 54 años habían hecho el amor por primera vez. Ana lo recordaba bien. Su miedo adolescente, las cadenas que la ataban a esa vida de católica creyente, toda la transgresión en esos minutos nerviosos de sexo con la persona que amaba o creía amar.
Ana recuerda cada segundo de ese acto, su pollera larga levantada, sus piernas alrededor de la cintura de él, el olor del zaguán, los ruidos de la calle, sus brazos en los hombros de aquel joven tan inexperto como ella, su espalda en la humedad de la pared... Cómo olvidar la primera vez... Han pasado muchos años desde entonces, muchos años y dos vidas.
Después de aquel acto amoroso, llegaron enojos, peleas adolescentes, y lo que fue hermoso dejó de serlo en muy poco tiempo.
Ambos siguieron su vida, se casaron, tuvieron muchos hijos y hasta que se reencontraron, 44 años después de aquel primer acto, no descubrieron cuánto se habían amado. Hace diez años que se encuentran, dos veces por semana, para revivir aquel hermoso momento. Hace 10 años que son amantes, en todo el hermoso sentido de la palabra.

lunes, 11 de agosto de 2008

Policial

María E. caminaba por el barrio como si no perteneciera a él. Las veredas como que le sobraban. Yo era un pendejo y ella, una mujer. Morocha, ojos grandes, pelo no muy largo, labios gruesos, bien maquillada, así la recuerdo. Pero además un cuerpo increíble, un culo que ni la mano de Edmundo Rivero lo abarcaría, posado sobre unas increíbles piernas. Fue hace demasiados años, mi recuerdo es borroso, aunque sí algunas cosas quedan, como que usaba unas minifaldas tipo piel de leopardo, botas blancas, en fin, algo de lo que se usaba en los 70. Los jóvenes del barrio se babeaban escandalosamente, y ella sólo sonreía, no le pasaba la hora a ningún poligrillo de ahí, estaba para las ligas mayores, María E. Mis amigos más grandes contaban las grandes pajas que se hacían pensando en ella. Esperaba ansioso mi preadolescencia para hacerle a la María E. unos merecidos homenajes. Pero un día María E. dejó el barrio, y de la peor manera. Se murió. O más bien la mataron. La historia parece que fue más o menos así: la tipa salía con un tipo casado, el tipo la mantenía como una reina, dicen; pero ella, además de usar al tipo este, la escolaseaba con algunos otros. Hasta que este muñeco, el casado, se enteró que la María E. lo hacía cornudo. La verdad, un sorete el tipo; pero bueno, ésa es otra discusión. La cuestión es que un día fueron al telo, garcharon y este hombre, jodido al fin, después del polvo le mandó algo así como 27 puñaladas. No contento con eso, en las paredes escribió, con la sangre de María E. "el que las hace, las paga". Guacho puto. No sé qué hubiera sido de la vida de María E. ni cuántos años de cana se morfó este loco, enfermo de amor por la belleza de esa morocha, pero la cuestión es que nunca le pude hacer a la María el merecido homenaje que tanto estuve esperando. Siempre me pareció que sería una paja necrofílica, y no me animé.

martes, 5 de agosto de 2008

Petardo

Visto que mi post sobre cine tuvo tan poca repercusión voy a volver a mis ordinarieces a ver si levanto la puntería. No hay nada que hacer, lo menos que se merecen los visitantes de este blog es una carajeada, pero para qué gastar pólvora en chimangos, mejor posteo lo que se me cante el orto y listo. Hoy tengo ganas de contar la historia de mi amigo Pucheta. El nombrado era amigo de mi juventud, un tipo bueno, no muy pintón pero un trabajador incansable con las mujeres. El tipo, más que nadie que haya conocido, era cultor del "paciencia y saliva". Más tarde o más temprano, la que él quería quedaba colgada de la ganchera. En esos tiempos en que nos frecuentábamos seguido, Pucheta andaba preocupado.
–Qué te pasa, Puche?
–Y... ando más o menos con mi novia...
–Qué pasa? No garcha?
(Recordemos aquí que pocas cosas han cambiado. Antes, igual que ahora, lo único que importaba es si la mina cogía, lo demás se arreglaba.)
–No, no es ése el problema, estamos bien en la cama; pero es como que falta algo...
Noté que Pucheta tenía vergüenza de confesar lo que pasaba, pero éramos amigos, así que luego de pegar unas pitadas más al faso volví a la carga.
–Dale, loco, largá el rollo; para qué están los amigos; qué pasa? te enroscaste con otra mina más pendeja?
–No, con ésta estoy bien, si yo la elegí porque es más grande que yo y creía que era una fiera en la cama. Y la verdad que no me equivoqué, pero hay algo...
Silencio.
–Dale, boludo, dejate de joder. Hablás o no, pero dejá de dar vueltas.
–Bueno, el tema es que la mina no me tira la goma, entendés?
–Y bueno, loco, por ahí no le gusta.
–No sé, no sé.
–Pero vos bajás al pesebre, master? Porque si vos no cumplís los deberes no vas a pretender que la mina labure sola.
–Sí, loco, yo trabajo; vos me conocés. Y la mina todo bien, entrega todo, pero jamás agacha la cabecita.
–Qué cagada. Lo hablaste con ella?
–No. me da vergüenza.
–Pero vos te lavás, Pucheta? Porque por ahí apestás, viste, y la mina se lavó los dientes y no quiere que le salgan caries.
–Dejate de joder, la concha de tu hermana. Vamos al telo y nos bañamos, y yo me lavo, loco, en serio.
–Bueno, está bien, estaba tratando de encontrar el motivo.
Pasaron algunos meses, siempre veía a Pucheta con esta mina, bien, felices. Poco tiempo después Pucheta se enamoró de otra mina, y de a poquito la fue dejando a la anti PT. Un día la invitó a cenar, y le dijo que la quería dejar. La mina lo veía venir, él era más joven que ella, no pretendia llegar a nada sino pasarla bien con el pibe a quien le llevaba diez años. Así que se fueron separando. Ella, a pesar de mostrarse resignada, empezó a enviarle a Pucheta cartas de amor pidiendo que no la deje, que ella no lo demostraba pero que quería tener algo serio con él. Pucheta, buen tipo al fin, no se animaba a cortarle el rostro, así que cada tanto la veía, tomaban un café. Hasta que él, hombre al fin, un día pasado de copas cedió a un "encuentro de despedida" y terminó con ella en la cama. Grande fue su sorpresa cuando la susodicha, sin decir agua va, le bajó los lompas, clavó rodilla en tierra y le pegó una tirada de goma que a Pucheta se le salían los ojos de la cara. Luego, hicieron el amor como siempre. Bien. Se ducharon, se vistieron y se fueron. Un caballero que se precie, como mi amigo, era incapaz de sacar ese tema para conversar, así que se despidieron para siempre y nunca se enteró por qué durante tantos meses ella le estuvo retaceando el petardo que tan bien hacía. Misterios de la vida.

miércoles, 30 de julio de 2008

Un año sin un genio

Ayer, gracias a Crítica, me enteré que se cumplía un año de la muerte del maestro Ingmar Bergman. He visto cine pero no soy un especialista, ni siquiera he visto todo Bergman; pero la noticia me dio el motivo para postear y dejarles un regalito. Hace muchos años, cuando yo iba a la escuela secundaria, me llevaron a ver La flauta mágica. Recuerdo que la película me gustó, pero más recuerdo las tetas de la actriz-cantante que personificaba a la Reina de la Noche. Muchos años después me enteré de que el director era un tal Bergman, como Ingrid. Me interesó seguir viendo ese cine, vi algunas más hasta llegar a Fanny y Alexander, la más maravillosa obra de arte del cine. La he visto no menos de diez veces, y creo que en estos días la voy a volver a ver. Hoy, mientras buscaba material para el post, me encontré con el inicio del film, un minuto 30 segundos para la presentación de Alexander y su aburrimiento de preadolescente, un minuto 30 segundos sin palabras hasta que dice Fanny!. Me llenó los ojos de lágrimas nuevamente. Nada me emociona como esta película. Toda la belleza de la música en esos minutos, hasta que se presenta la abuela. Im-pre-sio-nan-te obra maestra. Perdonen el fanatismo, pero es la mejor película que jamás vi, y lo digo sin ánimo de debatir, cada uno tiene sus gustos. Pero quería compartir éste y, de paso, un homenaje al maestro.

lunes, 28 de julio de 2008

Todo el poder a La Nación!!

Agarré el diario y dije: "ah, no, si La Nación va a correr
por izquierda al gobierno me voy a vivir a Darfur, me mandan el correo ahí y le avisan a Cristina, por si me quiere venir a visitar cuando termine el mandato". Claro, como todo espejismo, se desvaneció apenas líneas más abajo, cuando este gorila de papel tamaño sábana dice: "Para corregir esta distorsión (!), los analistas recomienda aplicar un esquema similar al que rige en Brasil, con una eliminación gradual de los subsidios de algunos alimentos y transferencias directas a los sectores más golpeados de la población". Primero, lo primero: si después vamos a leer la nota que está en el suplemento económico, ésta es un poco menos gorila y con algo de buena intención, si bien el fondo siempre es el mismo: libertad de mercado. Cuando leemos vemos que los subsidios son "al transporte y a los alimentos". Claro, los pobres no viajan ni comen, la reconcha de tu putísima madre. Cuando habla de transferencias directas y eliminación de subsidios lo que está diciendo es: "déjennos ganar plata tranquilos con el encarecimiento de los alimentos y hagamos beneficencia con la negrada, no la abandonemos". El mismo criterio que utilizan Miguens, Buzzi, Llambías: dejame hacer la mía que después te tiro unas migajas para el pobrerío. Te das cuenta? Después me dicen oficialista por decir estas cosas. Mientras leía estas notas lo escuchaba al Cabezón Duhalde criticar al gobierno. Y no soy oficialista, loco, pero, una vez más, si del otro lado están La Nación, Clarín y Duhalde, por lo menos dejame elegir a quién le tiro, pero seguro que a los enemigos de aquéllos no, se entiende? Uno a veces elige sus amigos según quiénes sean sus enemigos. No está bien, ya sé. Les doy un ejemplo para que salgan algunos troskos a comerme la cabeza: cuando Kornilov quiso dar un golpe fascista contra el gobierno traidor de Kerenski, los bolcheviques salieron a sostener al gobierno contre el golpe de Estado. Meses después, el golpe lo dieron ellos y fundaron el primer Estado obrero de la historia. Digo, no vale la comparación, pero durante esos días Lenin fue "amigo" de Kerenski, a quien combatía y llamaba a derrocar, qué sé yo. Prefiero que esté Cristina y no Cobos, si querés velo de esa manera. Prefiero que esté Moyano, que enfrentó a Menem, y no Barrionuevo, que fue un alcahuete del menemismo. Pero, en fin, siempre lo mismo... no aburro más.

martes, 22 de julio de 2008

Un caño

Hubo una gran revista deportiva que llevaba ese nombre. Pero ahora esa palabra se ha desvirtuado. Ahora hablás de caño y todos lo relacionan con Tinelli, la reconcha de su hermana. Tengo las bolas al recontra plato de que 500 millones de pajeros estén a la noche esperando que a algún toga se le escape una goma. Dejémonos de joder, muchachos, si la teta es lo que primero que conocemos y, es más, chupamos. Para no hablar de que salimos directamente del agujero tan preciado (y no es el culo, aclaro, aunque alguno pueda parecer que en lugar de parirlo lo cagaron).
"Viste el baile del caño anoche?", "La viste a fulanita?", "Viste las tetas que tiene?", "Boludoooo, qué buena que está esa minaaaaaaaaa". Todas frases dichas con un hilo de baba chorreando por la comisura de los labios. Pero qué manga de pejertos, la puta madre. Por suerte, sigue habiendo gente que nos alegra la vida, y nos aclara que el caño no lo inventó Tinelli. El otro día, hablando con una amiga, me cuenta: "Estaba sola en casa y un amigo me había regalado un caño (no la revista), me lo prendí y me lo fumé –me dijo–. Varias horas después me desperté, toda mojada y cagada de frío. Me había quedado dormida, tirada en el patio, recontrafumadaaaaa. Llovió, refrescó, y yo tirada en el patio, medio en bolas. No tomé en cuenta tamaño ni medida", finalizó su relato imperdible. Díganme si esto no dignifica el caño. Y que se vaya Tinelli y todo su gaterío a la reputísima madre que lo recontra parió.


jueves, 17 de julio de 2008

Por siempre tuyo, contra todo

Y sí, la señora me puede. Los seguidores de este humilde blog ya saben que ella es mi amor, mi razón de ser, es mi alegría y mi tristeza, es la dueña de mi alma y de mis estados de ánimo. Ayer la vi, allá en el Chaco, tan linda, tan dulce y tan endeble, que quiero estar al lado de ella para abrazarla y decirle que acá estamos, que seguimos, que hay que pelear. Pero ella, kilo de Rivotril mediante, tuvo la entereza y el coraje para decir lo que tenía que decirle al pelotudo ese con dos minutos de fama que se colgó de sus polleras para figurar. Ni siquiera se molestó en nombrarlo. Para qué? También les pasó factura a los perucas que se olvidaron de cómo es la cosa. Ya sé que me van a venir con las contradicciones, con su historia, con Kirchner, con la mar en coche. Pero, ya saben, el amor es ciego, sordo y mudo. Veo a través de sus ojos grandes, escucho sólo lo que ella me dice y hablo sólo para decirle que la amo, como en este momento.

lunes, 14 de julio de 2008

Quién fue...

el hijo de mil viejas putas que le hizo creer a este recontrapelotudo de Alejandro Sanz que tiene derecho a ganar guita desafinando como lo hace? Por qué la yegua conchuda de Shakira lo invita a cantar con ella y, aun peor, le hace un solo de flauta? Cómo puede ser que un mediocre como este salame haya trascendido más allá de las cuatro paredes de su baño? Está bien, alguna me podrá decir "ay, está re fuerte". Dejate de joder, hacete una paja, pedazo de babosa, y dejanos vivir en paz, la reconcha de tu madre... No hay derecho a que este pelotudo nos ande lastimando los oídos, la puta que lo parió. En la foto, se lo ve claramente cagándose de risa de todas las pajeras histéricas que lo escuchan.

martes, 8 de julio de 2008

¿El toro o el torero?

"El único lugar en donde se puede ver la vida y la muerte, esto es, la muerte violenta una vez que las guerras habían terminado, era en el ruedo, y yo deseaba ardientemente ir a España, en donde podía estudiar el espectáculo", dice en uno de sus primeros párrafos de "Muerte en la tarde" el amigo Ernst Hemingway. Semejante exponente del buen beber no puede menos que caernos simpáticos, a más de sentir una profunda admiración por sus textos y su forma de escribir. Sin embargo, "Fiesta" y "Muerte en la tarde" dan, por lo menos, para la polémica si no para rechazar de plano lo escrito por el autor de, nada menos, "El viejo y el mar". Imperdible cuando en la página 4 del capítulo primero dice: "Es moral todo lo que hace que me sienta bien e inmoral todo lo que hace que me sienta mal". Una duda: la escopeta, ¿es moral o inmoral, la reconcha de tu madre? Voy a citar, al azar, otro párrafo, para que nos demos una idea de con quién estamos debatiendo: "En todas las arte, el placer se acrecienta con el conocimiento que se alcanza de ellas, pero desde la primera corrida a que se vaya, el espectador sabrá si le gustan o no los toros, siempre que haya acudido con espíritu libre (...) Es lo que ocurre a las personas que se niegan a beber vino, aunque saben que podría proporcionarles placer, porque creen que no está bien beber". Y sigue: "La comparación con el vino no es tan disparatada como pudiera creerse; el vino es una de las cosas más civilizadas del mundo y uno de los productos de la Naturaleza que han sido elevados a un nivel mayor de perfección". En fin, podría pegar aquí el libro entero de Hemingway, pero para los ignorantes que no lo leyeron y tengan ganas de dejar tanta pelotudez literaria que anda dando vueltas, de acá lo bajan gratis. El tema es que el amigo suicida está decididamente a favor de las corridas de toros. Me disparó este post lo que leí el otro día acerca de que se celebró el día mundial contra la tauromaquia. Y, la verdad, cuesta coincidir con semejante barbaridad. Y, a pesar de no ser tan poético ni tan hermoso como la prosa de Hemingway, esto que sigue me representa un poco más. El agradecimiento para mis hijos, que me hicieron escucharlo.



Hace una semana se cumplieron 47 años del suicidio de Hemingway, vaya esta puteada para él, que aun equivocado podía escribir como los dioses. Lo lamento amigo, cuando nos encontremos tomaremos un vino, pero yo, irremediablemente, estoy con el toro.


martes, 1 de julio de 2008

Los hombres no lloran

Muchos de nosotros hemos sido educados en que los hombres no lloran. Los hombres llorones somos mal vistos, en cambio las mujeres lloronas hasta despiertan cierta ternura. Mi viejo pertenecía a aquella escuela. No era Charles Bronson pero era duro, no era de emocionarse por cualquier cosa. Su estado natural era más bien serio, y cada tanto le gustaba cagarse de risa de algunas cosas, sobre todo de sus propias ironías. Cuando mi viejo me contaba historias que tenían que ver con su infancia y con su extrema pobreza, nunca lloraba, jamás se le llenaban los ojos de lágrimas. Me contaba, por ejemplo, que para poder comer, en aquel pueblito de Entre Ríos donde nació, tenía que salir a cazar o pescar. Y cuando esto no era posible, había que salir a robar, entendido esto como la distracción de algún pollo u oveja que anduviera extraviado y que él y sus hermanos le ayudaban a encontrar el camino hacia el estómago. Crecí con esa sensación, de que los hombres nunca lloran. Mi viejo se había hecho hombre con el peronismo, salió del campo, vino a la ciudad, se hizo obrero metalúrgico, gozó del inédito aguinaldo y de las –más inéditas aun– vacaciones. Se organizó sindicalmente, fue delegado, hizo huelga por el regreso del General, hasta salió en la tapa de la revista Así, con su mameluco de obrero de la General Electric. Por esos años algunos familiares de mi padre se ponían viejos, por ejemplo mi abuela. Tan vieja que se murió. Y mi viejo, ni una lágrima. Años después, una cuñada, joven, murió en un accidente. Mi viejo, ni una lágrima. Pero el 1 de julio del 74, mientras mirábamos por la televisión la despedida del Pocho, que para mí era un viejo que decía boludeces, se me ocurrió mirar a mi padre. Sorpresivamente, estaba con los ojos llenos de lágrimas. Le tengo que agradecer al General, lo que es la vida, que haya visto a mi viejo llorar. Lo que son las cosas.

viernes, 27 de junio de 2008

Muerte puta

Muerte puta, muerte traidora, muerte injusta. Hace seis años te llevaste a dos pibes con los huevos grandes como pelotas, con la falta que hacen, muerte guacha. Sabías, hija de puta, que esos pibes con bolas son los que hacen falta, son los que cambian la vida, son los que pueden construir un mundo feliz, hija de puta. Porque vos sabés, muerte de mierda, muerte jodida, que esa gente cambia la historia, vos sabés, porque trabajás para los otros, para los poderosos, para los asesinos, para los narcos, no trabajás para nosotros, muerte hija de mil putas. Si no, hagamos una simple cuenta: fijate a cuántos te llevaste el día que murió Neustadt, por citar un hecho cercano, la reconcha de tu madre. Cuántos pibes se murieron de hambre el día que te llevaste a ese hijo de puta, casi a los 90 años? Cuántos fueron asesinados en Afganistán e Irak, cuántos se murieron de sida o de enfermedades prevenibles en algún hospital de mala muerte del primero o del tercer mundo? Hacé esa cuenta, hija de puta, muerte vil, muerte traidora, siempre agazapada, marcando el final. Todos te vamos a ver la cara, muerte descarada, pero sos injusta, muchos te la ven antes, la reconcha de tu hermana. Sos injusta, sos profundamente injusta. Es mentira que no discriminás, una mentira que inventaron los hijos de putas para quienes trabajás, muerte prostituta, por cuánto te llevaste a Maxi, a Darío, a todos los que salieron a pelearla el 19 y 20 de diciembre? Te prostituís, hija de puta, pero vos también vas a morir, sorete, a vos también te va a tocar, muerte de la barbarie capitalista, muerte al servicio de los poderosos, de los policías, de los militares, de todos los soretes hijos de mil yeguas que nos roban este mundo. Pero vos, muerte puta hija de puta, tenés final. Porque el día que se reproduzcan los Maxi, los Darío, y sean mayoría en este mundo y terminen con esta podredumbre, ese día, sólo vamos a poder morir de amor. Y vos, estarás muerta.