
Carlos Alberto Reutemann, hoy ala derecha del justicialismo, devenido a la política gracias a su padrino Carlos Menem (igual que Scioli), venía ganando de punta a punta del Gran Premio de la Argentina, en 1974, a bordo de su Brabham BT 44, si la memoria no me falla. Yo pensé que era joda que le decían Lole por lo'lechone, pero no. Resulta que es verdadero que allá en el campo santafesino el pibe se copaba viendo a los hijos de los chanchos que luego irían a engalanar la parrilla. Pero bueno, la historia dice (ma qué historia, yo lo viví, aunque no estuve en el autódromo) que Reutemann iba a ganar la carrera que prácticamente había punteado desde el inicio. Pero faltando media vuelta (es decir, menos de veinte cuadras) el auto se quedó sin nafta. La mala suerte acompañaría al Lole durante toda su vida deportiva. En realidad es un decir, porque era un excelente piloto que no salió campeón mundial por caprichos del destino. Además, se llenó de guita. Yo no recuerdo si antes se usaba la frase "me quedé sin nafta"; pero sí sé que a partir de ese hecho, la mayoría de los argentinos entendemos qué se quiere decir cuando escuchamos "me quedé sin nafta"; también está la variante "a vos no te da la nasta, gil", como dice el Negro Pablo a Ricardito en Okupas. Pero esto ya tiene otra connotación. Esta pequeña introducción es para decir, simplemente, que hasta que no levanten el paro los estacioneros y yo pueda volver a cargar Super Fangio XXI, este blog está hasta las pelotas. Es decir, se me acabaron el tiempo, las ganas, la inventiva, etcétera, es decir, me quedé sin nafta. Hasta más ver.